Clarina Aldea
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Canela y Tracy, la Barbie, estaban observando a su nuevo vecino; un viejo huraño y malvado que tenía mucho dinero y una casa enorme y muy fea: estaba cayéndose a pedazos.
- El hombre no parece amigable, observó Tracy.
- Tienes razón, Tracy, su casa es muy fea.
- Me gustaría verla por dentro, terció el oso Charly.
- ¡Estaría genial entrar ahí!, exclamó Tracy.
- Vamos a verla, Cane.
- Bueno, dijo Cane sin entusiasmo.
Entraron con miedo de encontrar al viejo por ahí, aunque no había rastro de él. Lo único que encontraron fue figuras pálidas de mayordomos y sirvientas. No hablaban y parecían flotar. Cuando vieron a una cocinera con el delantal manchado de sangre, fue a Tracy a quien se le ocurrió la mejor idea.
- ¡¡Salgamos de aquí!! - gritó.
Desde entonces decidieron no poner nunca más un dedo en aquella casa.
FIN
2009 Copyright Clarina Aldea
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
- El hombre no parece amigable, observó Tracy.
- Tienes razón, Tracy, su casa es muy fea.
- Me gustaría verla por dentro, terció el oso Charly.
- ¡Estaría genial entrar ahí!, exclamó Tracy.
- Vamos a verla, Cane.
- Bueno, dijo Cane sin entusiasmo.
Entraron con miedo de encontrar al viejo por ahí, aunque no había rastro de él. Lo único que encontraron fue figuras pálidas de mayordomos y sirvientas. No hablaban y parecían flotar. Cuando vieron a una cocinera con el delantal manchado de sangre, fue a Tracy a quien se le ocurrió la mejor idea.
- ¡¡Salgamos de aquí!! - gritó.
Desde entonces decidieron no poner nunca más un dedo en aquella casa.
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Los cuentos del proyecto “El mundo de las brujas”

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